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martes, 15 de julio de 2008

Los ROSTROS NEGROS del ATLETISMO ESPAÑOL

(La nigeriana Josephine Onyia, la mejor española en los 100 metros con vallas con 12.50. Sustituyó en la selección ibérica a su compatriota, la nigeriano-española Gloria Alozie. La Puerta de Alacalá en Lagos?)


REINALDO CEDEÑO PINEDA


Cuando Mayté Martínez vino de atrás de manera impresionante en la carrera final de 800 metros planos (Campeonato Mundial de Osaka 2007) corrí con ella. Su esfuerzo fue extraclase, su tiempo un buen récord para su país, y su bronce de tinte dorado.

No importaba que no fuera cubana.

Es una pena que una lesión la haya eliminado de Beijing. Es una pena no verle el esfuerzo en el rostro, el pecho inflamado de voluntad, un corazón en cada pierna.

Recuerdo los Olímpicos de Barcelona 92, y al fondista Fermín Cacho. Del público alguien agitaba un enorme cartel: “Cacho de oro”. Y así fue, para poner a reventar el estadio Montjuic catalán, a toda España.

Recuerdo a “Paquillo”, con su elegancia y voluntad en la marcha.

Y aún a otros de ahora y de antes, a Pau Gasol o al polista Estiarte…

¡Genuino orgullo español… español!

Soy del Caribe, y eso −ya se sabe− es sinónimo de mixtura. En la melaza de la caña y el aroma del café copularon Iberia y África: unos mandados y otros mandando.

Vivo en Cuba. Y Cuba es más que un nombre, es un sentimiento. Convivo con la diversidad de manera natural y detesto cualquier discriminación: por origen, orientación sexual, por sexo, razas… cualquiera es despreciable.




(El ecuatoriano Jackson Quiñonez ostenta los récords nacionales de su país natal, 13.44 y de España, 13.33. El Pichincha en lugar del Teide?)

Detesto a los xenófobos. La xenofobia es un cáncer que corroe el alma. Admiro a las personas, a las sociedades que saben dar la mano.

La solidaridad es una condición humana pero no hay que extraviarse: en algunos sitios se aplica una "acogida selectiva"

El mundo de hoy −por suerte− vive interconectado; pero la condición de “aldea global” no puede suplantar ese otro pedazo “del globo” que nos marcó, en el que hallamos el primer beso; ese pedazo que nos acompaña a doquiera que partamos… Y la memoria anda ahí, como los riñones o los huesos; o al modo del Che: "lazos que no se pueden romper como los nombramientos".

Silvio Rodríguez lo canta: “La libertad nació sin dueño / y yo quién soy para colmarle cada sueño”. Lo he cantado con él; pero hay cosas que no pueden tocarse sin el temor de partirle las alas.



(El discóbolo cubano Frank Jennifer Casañas debe competir por España en Beijing. Ostenta un marca de 67,91 metros, de las mejores del año. Guanabacoa en Madrid?)

¿Sentirán los qataríes como suyo al keniata Stepehen Cherono, líder de los 3000 metros con obstáculos, que incluso se ha cambiado el nombre por el de Saif Saaaeed Shaheen? ¿Se sentirá qatarí el mismo, por encima de los mil dólares que le asignaron cada mes?

Nunca he podido ver como “españoles” a algunos atletas que compiten ahora mismo bajo esa denominación, y que no deben su formación a Iberia, aunque claro, cada uno tenga su propia historia (becas, amores, carencias...) y el derecho sobre su persona. Es algo inasible, profundo...

Me sentiría bien raro si un español, formado por especialistas en España, que haya competido por España… de pronto representara a Cuba en unos Juegos Panamericanos u Olímpicos. O que implantara “un récord cubano”. (Yo, por ejemplo, nunca hubiera podido rematar contra Cuba como vi en el juego Cuba-Italia del Gran Prix de voleibol)

Quizá sea controversial… Incluso me gustaría que algún aficionado me manifestara su sentir…

Ya sé que estoy lejos, pero soy sincero...